“A TODO EL MUNDO LE GUSTARÍA LA POESÍA SI DIERAN CON EL POEMA O EL AUTOR CORRECTO”

“A TODO EL MUNDO LE GUSTARÍA LA POESÍA SI DIERAN CON EL POEMA O EL AUTOR CORRECTO”

“A TODO EL MUNDO LE GUSTARÍA LA POESÍA SI DIERAN CON EL POEMA O EL AUTOR CORRECTO”

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PABLO BENAVENTE

 

 

P: Su ciudad de origen es La Línea (Cádiz), pero vive en Granada ¿qué le llevo ahí?

 

R: Los estudios. Vine aquí para estudiar Historia.

 

P: Ahí organiza desde hace un tiempo Jam Sessions en La Tertulia, ¿cómo surgió la idea?

 

R: Surgió porque solía ir a Madrid a los recitales que hacía Carlos Salem, entonces a medida que me iba metiendo en eso luego me faltaba cuando volvía de nuevo a Granada. Así que como no podía permitirme ir a Madrid con tanta frecuencia al final terminé quejándome un día, borracho, en La Tertulia, al camarero le gustó la idea y así nació.

 

 

 

Empecé a escribir poesía con 17 años, en Sevilla. Cuando salí de Cádiz fui primero a vivir a Sevilla, por una chica. La historia no salió bien y se jodió la relación, así que me encontré en Sevilla, que no me gustaba y sin amigos, porque mis amigos eran los de ella. Ese fue un año de completa introspección, conocí a Escandar Algeet y a mucha gente que hacía poesía y, al final, de tanto leer y tener mucho tiempo libre terminé cayendo. Y así empezó todo.

Pablo Benanvente

 

P: ¿Fue entonces cuando decidió abrir el blog?

 

R: En ese año de oscuridad total, fue precisamente Sara Bueno quien me recomendó hacerme un blog para soltarlo todo y empezó a raíz de eso. La pobre entonces no sabía lo que iba a causar.

 

P: De los poemas que ha escrito, ¿con cual se queda?

 

R: Es complicado, porque por norma general el último es el que más me gusta siempre. Al fin y al cabo es biográfico y con el que más afín te sientes es con el último.

P: ¿Sobre qué suele escribir?

 

R: Sobre todo al amor pero desde el punto de vista del desamor. Yo incluso cuando estoy contento y feliz intento escribir cuando tengo algo malo que contar. No suelo hacer poemas de amor como tal porque, aunque sean de amor, siempre cuento la parte mala. Escribo sobre experiencias vitales, gente que conozco, historias y aventuras que me ocurren…

 

 

Desde que conocí el bar Aleatorio vivo a 400 kilómetros de casa.

 

P: Entonces es de los que piensan que se escribe mejor al desamor que al amor…

 

R: Más que mejor creo que es un sentimiento más fuerte. Por ejemplo, por experiencia, cuando empiezas con una pareja más o menos estable escribes el primer mes, sin embargo cuando lo dejas con alguien te puedes tirar un año entero escribiendo sobre ello, por experiencia también.

 

P: ¿Cuando escribe lo hace por inspiración o se sienta a escribir y a ver qué surge?

 

R: Suele ser inspiración por completo. Es cierto que tengo un ritual: rara vez escribo de día, me siento a escribir siempre de noche, de madrugada con Quique González o Nacho Vegas de fondo, un cigarro y a ver qué sale. También es verdad que hay días que, simplemente, apetece.

 

P: ¿Quiénes diría que son sus referentes?

 

R: Ángel González me parece brutal, también David González. Luis García Montero, Escandar, que para mí además de un hermano es el diario que llevo leyendo día a día desde hace 8 años, Carlos Salem, Marcus Versus, hay una infinidad de gente a la que podría nombrar. Muchísimos músicos también.

 

 

Creo que la poesía tiene mala fama. Tiene mala fama de siempre más que nada por cómo la enseñan en el colegio, de hecho recuerdo que a mí tampoco me gustaba pero porque la cuentan con un punto de vista limitado. Te muestran lo clásico, te imponen un estilo de literatura muy cerrado y hermético, con muchas normas y leyes. Pero cuando la conoces bien o conoces la poesía contemporánea, que en mi caso es la que me llegó, te das cuenta de que es todo lo contrario.

 

Precisamente la poesía te permite licencias que no te permite la prosa. Es un idioma y una forma de hablar mucho más libre, te permite jugar con las palabras. Soy de los que creen que le gustaría a todo el mundo la poesía si diera con el poema o el autor correcto.

Además otro factor de la mala fama de la poesía es que la poesía siempre ha sido muy elitista y el hecho de llevarla a un nivel más de bares, a pie de calle, se acerca a mucha más gente.

 

P: ¿Y cómo surgió la idea de publicar Circo de quimeras?

 

R: Fue algo que vino sin esperarlo ni buscarlo. Cuando lo dejé con Sara, que es la mayor historia de amor de mi vida, me encontré completamente vacío, muy jodido, todo era un como cementerio de elefantes, muchos recuerdos, no podía salir por Granada porque todo me recordaba a ella… Entonces decidí que lo que me había separado de ella, que era la poesía al fin y al cabo, tenía que terminar el trabajo. Pensé en auto publicar un y con el dinero que ganase me iba a Madrid a probar suerte. Cuando empecé a dar pistas de que iba a editar un libro, Marcus me dijo: “oye, espero que hayas contado conmigo para ser el primero en leerlo”.

 

 

La verdad es que es el único editor con el que publicaría un libro porque creo que trabaja de corazón. Precisamente por eso no pensé nunca en mandarle un borrador pues me parecía pretencioso y no me atreví nunca. Pero cuando me lo pidió él no pude decirle que no, y estuvo dos meses para contestarme. Y un día leyendo en Aleatorio, me presentó él, me abrazó y me dijo: “por cierto, te público”. Me quedé en trance en el escenario, fue un momento muy especial.

Conmigo se ha portado genial y ha sido todo una pasada…

 

 

la chica del vestido blanco -2015- (Izar la negra, 2016)

No era mi día. Ni mi semana. Ni mi año. Ni mi vida.”

Charles Bukowski

 

Recuérdame, chica del vestido blanco, porqué pestañeé contigo.

Hoy he vuelto a pensar en ti, y me ha costado respirar,

como si ahora me atragantase por la magia recibida, o por la ausencia de ella.

Sólo sigo siendo ese idiota que prefiere presumir de haberte perdido que coger un peta,

sentarte en un banco cualquiera, y explicarte por qué

me pesan tanto estas manos, por qué

tengo miedo, porque tengo miedo,

no es la primera vez que me oyes decirlo y es la verdad,

estoy acojonado de hacerte preguntas, y no aparecer, ya, en tus respuestas.

 

Sigo dándole vueltas a todo, chica del vestido blanco,

cuando me decías que siempre estarías para mí,

te juro que me imaginé otra cosa.

No perdiste las alas ni en mitad de la huida, nunca

dejaste de ser exacta, ni siquiera al enamorarte de nuevo,

ni siquiera al aceptar mi propuesta de distanciarnos,

absurda, por cierto, ahora que la veo,

no sé en qué momento pudo parecerme buena idea no saber de ti.

A pesar de nunca estar a tiempo, a la hora de la verdad,

nunca me pierdo el inmortal estado ‘en línea’ en todas las redes

en las que no terminamos de borrarnos, por pánico,

orgullo, o, quiero pensar, por si algún día recordamos qué

nos dejamos sin decir, de qué nos arrepentimos, o qué no volveríamos a hacer

y, por fin, nos damos cuenta de lo estúpidos que fuimos

colgando el hábito, y la espada,

en la pared de una habitación que, ya,

nunca iba a ser la nuestra.

Nosotros, que tuvimos tantas.

 

Me siento como otro muchacho de más echando de menos cuando no debe,

otro pequeño llorando solo en una esquina con las rodillas destrozadas

tras su primer viaje en bici sin las ruedas de atrás,

como aprender a saltar al vacío sin paracaídas,

o como acabar en mitad de un naufragio sin saber, apenas, nadar.

Jamás pensé que fueses a doler tanto.

Dime, si la esperanza es lo último que se pierde ¿Qué

cojones

perdimos,  nosotros,

primero, chica del vestido blanco?

Dime ¿Qué opciones tuvimos si, desde el principio,

fuimos dos ceros soñando con sumar?

¿A qué turbio titubeo debo agarrarme ahora que no me bebo tus cantos de sirena?

¿Qué clavo ardiendo no va a apagarse cuando no estés?

Dime, cómo voy a lucir este traje de luto bajo trinchera

si eras tú la única guerra que merecía la pena.

Dime, chica del vestido blanco, cómo hago ahora

para quedarme con la poesía, si te llevaste, encima,

todos los poemas.

 

Lo hemos hecho tan mal que cientos de efectos mariposa

deben estar maquinando colocarnos en un bar para decirnos,

con la boca llena de rabia,

todo lo que nos ha quedado pendiente.

Para decirte, chica del vestido blanco:

¿Por cuántas cervezas me canjeas un parasiempre esta noche?

¿Cuántos equilibrios tengo que hacer, sobre estos dedos, para que me creas?

Dímelo, no los tengo para otra cosa.

Quédate, y hagamos de estas horas, un racimo de sueños,

déjame verte sonreírme con los ojos una vez más,

ignora a tus amigos, sabes de sobra que, el mar, no cabe en ninguna caracola,

abramos de par en par las ventanas, no te concibo sin un poco de espectáculo,

y tápame la luna con tu silueta, no dejes que me  pierda ni un solo detalle.

Deja que me asegure de que aún puedo hacer feliz a la única persona que, siempre, lo ha merecido.

 

No lo entiendes, chica del vestido blanco,

yo sólo venía a decirte que en este metro cuadrado de sudor aún cabemos los dos,

que bajo este sombrero no siempre llueve

y que, si dejé un rastro de arena,

unas huellas grabadas en la tierra,

no pretendía hacerte más daño

era por si, algún día, reconsiderabas

volver sobre tus pasos.

 

 

 

 

 

 


Referencias:

 

la chica del vestido blanco -2015- (Izar la negra, 2016)

Pablo Benavente: “A todo el mundo le gustaría la poesía si dieran con el poema o el autor correcto”

 

 

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